Thalía dejó en claro que no hay edad límite para verse y sentirse bien

En un mundo que a menudo se obsesiona con la juventud y la apariencia, la icónica artista mexicana Thalía se ha convertido en una voz valiente y poderosa al hablar sobre el edadismo en una reciente columna para Vogue. La talentosa cantante y actriz, conocida por su versatilidad y carisma, desafía las normas de la industria del entretenimiento al rechazar la obsesión con la edad y abrazar la belleza de cada etapa de la vida.

En su columna, Thalía hace una afirmación audaz y clara, “hablar de edad es aburrido”. Con estas simples palabras, la artista insta a un cambio en la conversación que rodea el envejecimiento en la sociedad actual. En lugar de centrarse en los números y las arrugas, Thalía nos invita a apreciar la riqueza de la experiencia y la sabiduría que vienen con el paso del tiempo.

A lo largo de su carrera, Thalía ha desafiado las expectativas y los estereotipos de la industria del entretenimiento, demostrando que el talento y la pasión no tienen límites de edad. Su continua relevancia y éxito son un testimonio de que el arte no envejece y que la belleza radica en la autenticidad y la pasión.

La artista mexicana también destaca la importancia de celebrar la vida en todas sus etapas y vivir con alegría. Su actitud positiva y su energía contagiosa son ejemplos inspiradores para todas las generaciones.

Thalía ha sido un faro de empoderamiento y autoaceptación para sus seguidores, recordándonos que cada arruga y cada experiencia son parte de nuestra historia y nos hacen únicos. Su columna en Vogue es un recordatorio de que el edadismo es una barrera que podemos derribar, y que la verdadera belleza proviene de la autenticidad y la confianza en uno mismo.

En un mundo que a menudo nos dice que envejecer es algo negativo, Thalía nos recuerda que la vida es un regalo y que cada día es una oportunidad para brillar. Su mensaje de empoderamiento y amor propio resuena en una sociedad que necesita desesperadamente abrazar la diversidad y la inclusión en todas sus formas.

Hace unos meses me encontré con tres artículos que llamaron mucho mi atención. En estas publicaciones me sorprendió ver un común denominador al hablar de moda y edad. Me impresionó que en los encabezados se utilizaban conceptos como: ‘El estilo al llevar tenis a los 50’, ‘Mira cómo llevar pantalones holgados y tenis Nike a los 50’, ‘Una lista de los zapatos de tacón que son perfectos a los 50+’, y más. Pero, sinceramente, el que más curiosidad me dio fue uno que sugería cómo llevar un vestido a los 50 años, de acuerdo a un diseño que yo había llevado.

En mi cabeza muchas preguntas se agolparon: ¿Qué define lo que una mujer debe de vestir a sus cincuenta años? ¿Por qué una persona de cierta edad debería verse, vestirse y actuar de una manera? ¿Por qué nos quieren decir lo que debemos o no utilizar pasando cierta edad? ¿Qué es lo propio a los 50 años? ¿Qué es lo impropio a los 50? ¿No es acaso la moda una extensión de la expresión individual? ¿Que la moda no es atemporal, asexual, no tiene raza, no tiene idioma, pero de repente sí tiene edad? Todas estas y algunas otras preguntas me rondaban.

Dichos artículos causaron demasiada curiosidad en mí, ya que los últimos años se ha visto la inclusión en las pasarelas del mundo; Milán, París, Nueva York y más, abrazando y enalteciendo las diferencias de género, de cuerpo, de raza y hasta de edad. Quise dar el beneficio de la duda de que tal vez las personas encargadas de redactar estas notas podrían ser de otra generación –quizá más jóvenes–, pero después pensé que estas siempre pasan por el protocolo de revisión en los diferentes rangos de la editorial antes de publicarse.

Por esta razón, me he atrevido a escribir estas líneas acerca de este tema que nos pertenece a todos. Sí, nadie se escapa de envejecer. Hemos traído conjuntamente a la mesa conversaciones sobre el sexismo, el racismo, sobre la apariencia física o el body shaming, pero tal parece que el tema de la edad sigue quedándose de lado. Lo más cómico es que es una espada que nos acecha a todos y, por más que te quieras quitar o mover, siempre va a estar colgada sobre nuestra cabeza, al acecho, para caernos cuando menos lo esperemos. ¡Todos vamos para allá! Es de lo único de lo cual nadie se puede escapar: la edad.

Es un tema muy escabroso y todos estamos enredados en él. La misma palabra antienvejecimiento conlleva a la negativa, al rechazo. Usualmente, las palabras que tienen el prefijo de origen griego anti nos llevan a conceptos negativos: antihéroe, antihigiénico, antisocial y, prácticamente, significa que es lo opuesto o con prioridades contrarias; es decir, es un rechazo… ¿y a qué? Pues a la edad.

En el mismo concepto antiedad que vemos en millones de propagandas, bombardeándonos en nuestros móviles, por la calle, en las publicidades de la televisión o redes sociales, o en las mismas revistas, va intrínseco en nuestra autoestima, nuestra aceptación, nuestra valía, dejándonos clarísimo que el crecer, el envejecer, el cambio de cuerpo, de hormonas, las líneas de expresión, las canas, la pérdida de energía física, todo lo relacionado con el paso del tiempo, está mal. No es comúnmente aceptado por la sociedad.

Tenemos que cambiar la narrativa. Tenemos que crear diálogos seguros y realistas donde podamos informarnos de la maravilla que el paso del tiempo nos regala. La sabiduría, la inteligencia emocional, nuestra historia siempre cambiante, nuestra creatividad infinita, el regalo de poder empezar una nueva versión de uno mismo todos los días, la claridad de ver la vida desde la experiencia, la empatía ya encarnada, las pláticas al desnudo –claras y directas–, el reconocer el poder de decir no, el adueñarte de tu sexualidad y mil cosas más que solo con los años de vida uno entiende y atesora. Va más allá de un láser o bótox, o de un facelift o suplementos alimenticios –que, ojo, cada quien tiene la libertad de elegir cómo envejecer–.

En mi caso, cuando se requiera, no dudaré ni un segundo en visitar la cuchilla, o probar el último láser para ese boost de colágeno, o –incluso– continuar con las 30 pastillas que me tomo todas las mañanas para elevar mi calidad de vida, o las visitas mensuales al salón de belleza para cubrir mis hermosas canas. No se trata de estas minucias. Después de todo, estos son solo paliativos temporales mientras tratamos de darle sentido a todo el bombardeo de imágenes constantes sobre el antienvejecimiento que nos rodean.

Estamos acostumbrados a hacer comentarios como: ‘¡Pero, qué bien se ve para su edad!’, ‘Todavía puede verse increíble en esos jeans’, ‘No debería vestirse así para la edad que tiene’, ‘¡Ya siéntese señora!’, ‘Que alguien le diga que ya se le pasó la pose de sexy woman’. Es por eso que mujeres como Paulina Porizkova han decidido levantar la voz expresando que el ser sexy y auténtica a cualquier edad no debería ser un tema para juzgar a una mujer; Martha Stewart, recientemente en la portada de Sports Illustrated en su ejemplar de trajes de baño, reitera que hablar de edad es aburrido y que mejor se debería enfocar la conversación en cómo vivir tu vida a tope en todas sus eras.

Sarah Jessica Parker, la eterna chica sexy, en su nueva versión de And Just Like That, enfoca todos sus cañones a visibilizar las problemáticas y complejidades de la edad. Jane Fonda imparable, creativa, hermosa, hablando del edadismo; Cher siendo Cher con todos sus atuendos atrevidos, fantásticos e incomparables, riéndose del número en el calendario; Jennifer Lopez luciendo espectacular, siendo ejemplo de constancia y disciplina. ¡Y la lista sigue! El punto aquí es entender que los conceptos y palabras que constantemente utilizamos no son empáticos y es algo que, si se ve desde afuera, no se percibe. Es la clásica frase: ‘viendo el toro desde la barrera’. Y más cuando te toca no estar desde la barrera, sino en el centro de la plaza, cambia totalmente la perspectiva.

Por eso siento que a los 50 arranca la edad de fuego. Es el parteaguas en la vida donde incendiamos lo que venimos arrastrando emocional, física y espiritualmente. Es el desprendimiento de lo que hemos acumulado, es el quemar electivamente lo que ya nos resulta obsoleto de nuestro ser. Es el reivindicarnos ante nuestra propia historia de vida y salir radiantes de entre las cenizas como ave Fénix, volando más alto, más lejos y más poderosas que nunca.

La vida es compleja. Las batallas cotidianas son demasiadas. Los estereotipos de género son pesados. Las expectativas que se han planteado por décadas sobre el rol de la mujer en el hogar y en el ambiente laboral son demasiado elevadas como para descartar sus cualidades, su inteligencia, sus logros y su historia por el número de años que lleva en esta Tierra. En otras palabras, no es suficiente ser el sostén emocional de la familia, ser maestra, chef, doctora, psicóloga, amiga de juegos, y también, ser esposa, amante, compañera, soporte, trabajadora, creadora, emprendedora, capacitadora y guía de compañeros de trabajo; y –además– lidiar con sus propios traumas de la infancia, regular las emociones, buscar la espiritualidad y –encima de todos estos retos constantes de cada día–, tener la espada de Damocles amenazando con los estereotipos de la edad… es demasiado.

Es el momento de aprender que cada una tiene su camino trazado, su visión personal de cómo quiere verse a pesar de la edad que tenga. Es momento de dejar el tabú que ser sexy pertenece a ciertas edades, o de que el ser alegre, divertida, diferente, emprendedora, poderosa e indomable, no le va bien a mujeres de más de 50 años.

Es tiempo de abrazar la expresión a través de la moda, sin esperar que todas tengamos que vernos o actuar con respecto a la edad. Esta carta arrancó porque la moda es libertad sin discriminación, la moda es expresión y extensión del ser, la moda es identidad y nadie tiene que decirte lo que debes o no llevar a tal edad. La moda se reinventa y renace de las cenizas constantemente. Al igual que nosotras, la moda también es parte de la edad de fuego. Ella tampoco se rige por dogmas ni leyes, la moda solo es. ¿Podemos dejar a la mujer solamente ser?

En resumen, Thalía, a través de su columna en Vogue, nos invita a rechazar el edadismo y celebrar la vida en todas sus etapas. Su voz poderosa y su actitud inspiradora nos recuerdan que la verdadera belleza y el éxito no tienen límites de edad, y que cada uno de nosotros tiene el poder de redefinir las normas y vivir con pasión y autenticidad.